Archivo Histórico de Mendoza
Consultas documentales y cotejo de planos originales antes de intervenir fachadas del casco antiguo.
SVM Patrimonio no nació de un plan de negocios, sino de una serie de encargos que fueron marcando el rumbo. Lo que empezó como intervenciones puntuales en fachadas de Mendoza derivó en un equipo estable que hoy trabaja en monumentos, museos y cascos históricos de varias provincias. Estos son los momentos que explican cómo llegamos hasta acá.
El punto de partida fue una casa de mediados del siglo XIX en el centro de Mendoza. El encargo parecía menor: recuperar un frente descascarado. Pero al levantar capas aparecieron revoques de cal originales bajo tres repintados de cemento. Ahí quedó claro que el trabajo no era pintar, sino leer el muro. Ese criterio —diagnóstico antes que intervención— sigue siendo la base de todo lo que hacemos.
Con los años llegaron encargos que exigían algo más que oficio: había que presentar diagnósticos, justificar materiales y responder ante comisiones de patrimonio. Aprendimos a armar documentación técnica que resiste revisión, con calas estratigráficas, fichas por rubro y planes de obra por etapas. Ese aprendizaje cambió la forma de trabajar del estudio entero.
La conservación no termina en la fachada. Varios museos del interior nos convocaron para revisar condiciones ambientales de salas y depósitos: humedad, luz, manipulación de piezas. Fue un giro hacia la museología aplicada que hoy ocupa buena parte de la agenda. Trabajar con colecciones obliga a otra paciencia y a coordinar con curadores, no solo con arquitectos.
Gabriela Rojas Diaz, Adrian Morales Diaz y Antonio Rojas Diaz vienen del mismo taller original. Andrea Lopez Ramirez se sumó desde la arqueología urbana y Roberto Alvarez Gonzalez desde la documentación técnica. No contratamos por currículum: contratamos por criterio. La mayoría de las decisiones se toman en la obra, con las manos en el muro, no en una oficina.
Tres cosas quedaron firmes. Primero: el cemento arruina más de lo que repara. Segundo: sin diagnóstico previo, cualquier intervención es una apuesta. Tercero: los plazos de la restauración no se negocian con el calendario del cliente, se negocian con el material. Esas tres reglas explican por qué rechazamos trabajos y por qué otros nos siguen eligiendo.
Desde los primeros relevamientos en iglesias del norte mendocino hasta los expedientes de financiamiento que hoy sostienen obras abiertas, cada etapa dejó un método y un archivo. Esta línea de tiempo ordena los tramos que explican cómo trabajamos y qué aprendimos en el camino.
Los hitos que siguen no son un resumen de servicios: son los momentos donde el equipo cambió de enfoque, sumó disciplina técnica o abrió una línea de trabajo que todavía sigue vigente.
El equipo empezó levantando plantas y calas de revoque en capillas de adobe del este mendocino, casi sin presupuesto y con instrumental prestado. Ese trabajo inicial fijó la costumbre de documentar antes de intervenir: fichas por muro, registro fotográfico fechado y muestras de mortero guardadas en archivo físico.
La intervención sobre cornisas y revoques de cal en el casco histórico salteño obligó a dejar atrás los morteros de cemento y adoptar mezclas compatibles con el soporte original. Fue la etapa donde se consolidó el criterio de reintegración cromática con tierras naturales y se documentó por escrito el protocolo de calas previas.
Tras varios rescates en obras civiles del casco porteño, se armó un equipo estable para atender hallazgos durante excavaciones: paralización, registro fotogramétrico y decisión sobre conservación in situ o traslado. La experiencia mostró que anticipar con sondeos previos ahorra meses de conflicto entre obra y patrimonio.
El trabajo se corrió hacia adentro de los edificios: vitrinas, iluminación de bajo impacto y guiones museográficos para piezas que llevaban décadas en depósito. Allí se sumó la mirada curatorial al oficio de la restauración, con fichas de conservación preventiva por objeto.
La conservación dejó de depender solo de la voluntad técnica y empezó a exigir financiamiento formal. Se sistematizó la preparación de expedientes: diagnóstico previo, presupuesto por rubros, plan de obra y avales profesionales, con la constatación de que los proyectos mejor documentados tienen más recorrido en las convocatorias.
El material acumulado en más de una década se ordenó en un archivo consultable: planos, informes de intervención y notas de campo sobre monumentos culturales argentinos. La difusión educativa se volvió una línea de trabajo propia, con publicaciones sobre hallazgos arqueológicos, criterios de conservación de fachadas y gestión de fondos.
Arquitecta con foco en lectura estratigráfica de revoques y mampostería colonial. Coordina los sondeos previos y define qué se consolida y qué se reintegra. Lleva más de una década documentando fachadas del noroeste argentino.
Especialista en cales aéreas, áridos locales y pigmentos minerales. Su trabajo es evitar incompatibilidades: un mortero de cemento sobre un revoque de cal puede arruinar en meses lo que tardó siglos en formarse.
Interviene cuando una excavación toca niveles históricos. Registra estructuras, cerámicas y canalizaciones, y decide junto al comitente si conviene conservar in situ o trasladar con protocolo.
Trabaja con museos pequeños y archivos parroquiales. Define condiciones ambientales, soportes de exhibición y criterios de rotación de piezas sensibles a la luz y la humedad.
Ordena el expediente técnico: planos de estado actual, memorias por rubro y seguimiento fotográfico de cada etapa. Es quien sostiene el vínculo con organismos de patrimonio y con los fondos que financian la intervención.